Aquí me encuentro solo, frente a un papel en blanco
dispuesto a contarle mis miedos y fracasos,
mis penas y alegrías, mis risas y mis llantos,
mis sueños y quebrantos.
Sentimientos que se van descomponiendo
como la punta del lápiz con el que escribo.
Me limito a disfrazarlo,
a jugar para que se sienta querido.
Con la mirada limpia y el gesto aplastado,
con su vientre fruncido y mi puño apretado.
Se siente frío, abandonado,
yo nervioso, acompañando,
su silencio es tan leal que deprime...